Se denominó GINECEO (en griego: gynaikeion-γυναικεῖον) a la sala o habitación que poseían las grandes casas de la antigua Grecia, para uso exclusivo de las mujeres: esposa, hijas y sirvientes.

viernes, 25 de octubre de 2013

Portadora de todos los Dones - Πανδώρα

Según Hesíodo, la primer mujer, Pandora, fue hecha por orden de Zeus como castigo para los hombres. Su nacer fue una divina conspiración. 
Fue Hefesto, el artesano, quien modeló de barro “un amable cuerpo de doncella”. Los dioses aportaron toda clase de dones, por eso Hermes le dio el nombre de Pandora (pân y dôra: “todo” y “dones”). Zeus la bendijo y sopló sobre ella, el último regalo: la curiosidad.
Aquella mujer era nefasta para los hombres: pêma (una desgracia), dólos (una trampa), kakón (un mal), aunque un “mal hermoso”.
Prometeo advirtió a su hermano que no aceptara ninguna dádiva del vengativo Zeus, pero Epimeteo, el que reflexiona más tarde, hechizado por la belleza, lo acepta con la dote: la caja de fina plata (píthos).

Pandora, como Eva cuando desoyó la voz de Dios que prohibía tocar el fruto, impulsada por la curiosidad, no cumplió con la recomendación recibida de no abrir la caja, lo cual provocó que con impetuosa danza, escaparan todos los males. Pandora logró cerrar el ánfora, pero solo consiguió retener dentro a la ESPERA, a la esperanza. Entonces, los hombres reciben los males sin advertirlo, sin  “esperárselos”, lo que es precisamente, una de las desgracias a las que se refiere Hesíodo.
                                                                
Pero... ¿Pandora es culpable? Pues o por designios de Fortuna, por decisión del tirano Zeus, o por  la debilidad masculina, sucedió lo que sucedió. 

El deseo de una divinidad no puede ser obstaculizado por una previsión. Así pues, si hay que atribuir la causa de los males a la Fortuna o al altitonante Dios, a Pandora hay que absolverla de la infamia.